Noticias e información importante de nuestros bosques y selvas.
29 oct
Por: Gabriela Laborie
Antes de la 7am suena el despertador, nada poco común en cualquier día la semana, sin embargo, un gran sacrificio tratándose del día domingo, el día que todos esperamos para por fin poder descansar después de una agitada semana. Pero no importa, todos logran despegarse de las sábanas y salir de su casa. Siete con cuarenta y cinco minutos, es la hora de la cita en la colonia Roma, afuera de las oficinas de Reforestamos México. Unos llegan con sueño, otros con frío, hay quienes llevan sus “barritas” para desayunar, y después de unos minutos, ya todos están uniformados con las playeras verde limón y las montañitas y arbolitos, ya bien conocidos por todos, pintados en la parte de enfrente.
Aproximadamente una hora después el autobús, junto con todos sus integrantes, se encuentra siguiendo una flechas naranjas fosforescentes, que prometen el camino correcto hacia la tan esperada zona de reforestación.
Al bajar, un enorme vivero de lado izquierdo, un panel preparado con sillas, así como un espacio especial para el público justo enfrente de nosotros (es ahí en donde más tarde se llevaría a cabo la clausura del programa Cinturón Verde). De lado derecho palas, mantas y algunas sepas preparadas para ser ocupadas por los nuevos arbolitos, al fondo, canchas de fútbol y en todo alrededor gente con diferentes camisetas (todas igual de llamativas) saludándose y reuniéndose en pequeños grupos.
Un buen “speech” por parte de unos de los integrantes de RM. Atrevernos a decir: “Hola soy de Reforestamos México” para que se note lo que hemos hecho, es su consejo. “Que se vea nuestra presencia no en la cantidad de gente que somos, sino en la calidad de nuestro trabajo”. Finalmente nos dividimos en grupos, juntándonos con las demás asociaciones ahí presentes.
Nos conocemos, se nos explica el proceso, algo tenemos en común, todos estamos ahí por una causa la cual TODOS consideraos no sólo importante, pero también necesaria. Se comienza la reforestación. Algunos ya son expertos, pues llevan ya algunos años haciéndolo. Para otros es la primera vez, pero después del tercer arbolito ya todos dominan el proceso.
Encontramos a dos tipos de gente, los que trabajan en alguna de las asociaciones, y a los que de alguna manera se enteraron y decidieron ir a cooperar. Las horas avanzan, las sudaderas y chamarras se amontonan en los espacios libres de sepas. Algunos recolectan “baritas” para evitar que los árboles se vayan chuecos, otros recogen basura, unos más siguen plantado y hay quienes simplemente están ahí para motivar a los demás.
Antes de lo previsto, las sepas se acaban. “No pasa nada, hacemos más”, dice una de las voluntarias, y es así como la cava comienza.
Se les ofrece agua a todos, pues parece que el calor ha sido más que el que muchos esperaban. En muy poco tiempo (o al menos eso parece cuando estas sembrando), las sepas se acaban de nuevo. El trabajo ha concluido.
Se vuelven a formar las manchas teñidas por los colores de las camisetas. Todos se agrupan y se preparan para despedirse. Nos subimos al camión, y GRACIAS AL CIELO, se nos reparten sándwiches y jugos de sabores.
Antes de las cuatro de la tarde, estamos de regreso, ahí mismo, en donde horas antes nos habíamos encontrado a sólo unas horas de que ese domingo tan esperado empezara.
Tal como lo mencionó uno de los integrantes del panel, “bien se dice que hay tres cosas que un hombre debe hacer en la vida: escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol”. Después del domingo 13 de septiembre, podemos decir que más de una persona lleva por lo menos una de las tres partes cumplidas. Quedando así, todos satisfechos con la labor que Reforestamos México practica, pero sobretodo, con la causa bajo la cual se logran unir a tantas manos
13 oct
Por: Jill Begovich Klett
El despertador suena a las seis de la mañana y por un momento me reprocho haber quedado en asistir a la reforestación. Tras un breve debate interno, recuerdo lo bien que la pasé en el Nevado de Toluca y me convenzo de que dormiré las horas faltantes de vuelta a casa.

En esta ocasión, nos toca ir a Tepotzotlán. Cerca de las 8 de la mañana salimos de las oficinas de Reforestamos México hacia la sierra que enmarca al bello pueblo colonial, famoso por su Museo Nacional del Virreinato, sus calles empedradas y por qué no decirlo, sus deliciosos helados artesanales.
Ha llovido sin parar desde la noche de ayer. Y por el color del cielo, parece que esta experiencia estará acompañada de más lluvia. Para nuestros arbolitos, se trata de una bendición, pero el agua podría desmotivar a los cerca de 200 voluntarios de la empresa invitada, American Express.
Tras una breve parada en el centro del Pueblo Mágico, todos los autobuses están listos para iniciar el ascenso a la sierra. Unos minutos después, nos adentramos en un paisaje compuesto por distintos tonos de verde y un poco de neblina. Rápidamente nos preparamos para la llegada de los voluntarios. Y me percato de que aún no llueve.
Ya todos listos, nos colocamos en círculo y escuchamos las palabras de bienvenida. Comienza a caer una lluvia muy fina. Nacho habla brevemente de la importancia de los bosques, de los servicios ambientales que nos ofrecen y de algunas normas de seguridad. En esta reforestación el trabajo será más arduo, ya que hay que hacer las cepas.
Los hombres toman los picos, las mujeres las palas y los pequeños llevan sus arbolitos a los lugares asignados. Mil Pinos Greggii disfrutarán, a partir de hoy, de su nuevo y bello hogar.

La lluvia, el paisaje y los olores que liberan nuestras pisadas me hacen convencerme de que tomé la decisión correcta en la mañana. Los voluntarios están, contrario a lo que pensé, igual de motivados que yo. A pesar de la lluvia, usan sus picos y palas con determinación y siembran cada pino para continuar con el siguiente.
Un par de horas después, cansados pero satisfechos, todos subimos a lo más alto del terreno para observar nuestro trabajo y tomarnos la foto del recuerdo.
De vuelta en el autobús, abandonamos el predio y cruzamos de nuevo el centro de Tepotzotlán. Con cada kilómetro que nos alejamos de la sierra, vemos menos vegetación. Pero el momento más impactante es la entrada a la Ciudad de México cuando nuestro conductor decide tomar Calzada Vallejo, el principal corredor industrial de la zona metropolitana. El contraste es aterrador.
Postes en vez de árboles, gris en vez de verde. Hasta la energía se siente diferente. En la sierra, simplemente respirar te llena de felicidad. De vuelta en la ciudad no puedo evitar sentir una sensación de vacío, de desazón.
La mejor manera de fomentar la conciencia ambiental, es decidirse a reforestar. Después de esta experiencia, tengo ganas de acercar a aquellos que se han alejado de la naturaleza, y por consiguiente han olvidado lo agradable y tranquilizante que es pasar unas horas en el bosque.
¿Quieres hacer algo por el medio ambiente? Contáctanos a voluntarios@reforestamosmexico.org.
11 sep
Por: Maira Monroy
Nunca me había tocado visitar alguno de los proyectos que Reforestamos México (RM) tiene en otros estados del país, por lo menos hasta que mis compañeros de Desarrollo Forestal Sustentable me invitaron a conocer el proyecto que están impulsando junto con el Tele Bachillerato (TEBAS) de la comunidad de Abrevadero, región de Los Tuxtlas en Veracruz. Básicamente nuestra visita consistía en conocer la escuela en donde se instalaría un nuevo vivero, así como dar una capacitación previa a los alumnos sobre la construcción y trabajos esenciales dentro de un vivero.

José Carlos y Emilio, mis compañeros de RM encargados de este proyecto, me dieron algunos antecedentes: anteriormente se había trabajado con la Dirección General del Telebachillerato brindándole apoyo con transportación para las reforestaciones que ésta organizaba. Ahora, lo que Emilio y José Carlos pretenden con esta nueva iniciativa es que el trabajo de de RM se enfoque más hacia la capacitación de los alumnos, para que de ésta forma se puedan asegurar futuras reforestaciones exitosas, además de que los jóvenes reciban pláticas relacionadas a la cultura forestal que los inviten a fomentar la conservación de los ecosistemas forestal de nuestro país considerando la actividad forestal como una alternativa de vida.

Al llegar al TEBAS de la comunidad de Abrevadero, lo primero que pude notar fue la disponibilidad, tanto de profesores, como de alumnos, de recibir la capacitación para su futuro vivero. Este TEBAS fue elegido de entre los otros 912 que existen, porque los alumnos y profesores habían construido uno con los recursos básicos con los que disponían y sin recibir apoyo de instrucción alguna. El resultado fue un mini-vivero elaborado con troncos y ramas de palmeras que albergaba más de 300 plantas, en donde los cedros rojos dominaban la población. Todos los insumos, tierra, hojas, ramas, etc., fueron obtenidos del monte vecino; en donde los alumnos buscaban todo lo necesario para poder terminar su vivero al finalizar el día escolar.

Los cerca de 30 alumnos que integran este bachillerato, en cualquiera de sus 3 grados, ya tenían planeado el destino de los árboles que tenían en el vivero: los pensaban vender a comunidades vecinas para futuras reforestaciones. Y fue toda esta planeación-acción la que me dejó más que sorprendida. Todos estos jóvenes tenían en mente un ciclo completo de manejo sustentable realizado únicamente con los medios que tenían a su alcance. Me pareció una excelente iniciativa relacionada con el ámbito forestal, es una parte del trabajo de Reforestamos México que no tenía tan cercana y que me pareció increíble
6 ago
Por: Jill Begovich Klett

No recuerdo bien cuándo fue la primera vez que participé en una reforestación. Creo que fue en la primaria y que fuimos con la escuela al Parque Ecológico Xochimilco. Pero ha pasado ya más de una década desde esa experiencia y para ser sincera, tengo una pésima memoria, por lo que no sería inadecuado considerar el domingo 14 de junio, como mi incursión en el arte de la reforestación.
Despertarse a las 6 de la mañana en domingo no es un plan que mucha gente de mi edad envidiaría. Es por eso que me sorprendió el hecho de despertar antes de que sonara la alarma y de no poder negar una evidente emoción. La cita era en la Colonia Roma a las 7:15 de la mañana y al llegar, algunos compañeros ya se encontraban ahí. Después de la repartición de una llamativa camiseta y una breve visita a los baños de la oficina de Reforestamos México, abordamos el autobús que nos llevaría al Nevado de Toluca.
Para cuando partimos, el sol comenzaba a brillar con más fuerza, pero los desvelos del sábado anterior hicieron que gran parte de los pasajeros se echaran una pestañita. Con mi imposibilidad para dormir en cualquier cosa que tenga ruedas, me dediqué a mirar por la ventana mientras dejábamos atrás la ciudad, tomábamos la autopista y nos acercábamos cada vez más a nuestra misión. Como conductora compulsiva que soy, me había olvidado de lo relajante que es ser pasajero. Dejarse llevar… Con la mente divagando, el trayecto hasta Toluca pasó volando. El hambre comenzó a despertar a aquellos que se habían decidido por la siesta y un entusiasta compañero entonaba desde el fondo del camión una curiosa canción para que el chofer parara por barbacoa.
Paramos en un pueblo localizado en las faldas del volcán y no precisamente para desayunar. En realidad recogimos a un ejidatario que sería nuestro guía en lo que faltaba del recorrido. Tras transitar ladera arriba por unas callezuelas que parecían demasiado pequeñas para semejante autobús, logramos llegar a una brecha accidentada por la que circulamos cerca de una hora. Nuestro conductor, a veces temeroso, a veces temerario, nos llevó a nuestro destino sanos y salvos.
Cuando llegamos al ejido, tuvimos una breve charla de cómo nos organizaríamos para liderar a los entusiastas empleados de la fábrica La Morena. Comenzaron a llegar los camiones y se dio una plática de bienvenida, tras la cual, pusimos manos a la obra. Las horas transcurrieron bajo el rayo del sol, pero la brisa de la montaña nos mantenía frescos. En ese tiempo y con una amable convivencia de por medio, la tarea consistía en cavar con las manitas un hoyo previamente marcado, colocar el pino y asegurarse de que había quedado firme y apretado. La sensación de la tierra en las manos tiene un poder increíble. Tras la centésima sentadilla, el cansancio, el hambre y la sed se hicieron presentes. Sin embargo, un sentimiento de tranquilidad y satisfacción recorría mi cuerpo. Entrar en contacto con la naturaleza es mágico. Cada día que pasa, nos alejamos más de ella, por culpa de la tecnología, el crecimiento demográfico y la falta de tiempo. Pero de la naturaleza venimos y eso responde el por qué nos sentimos tan bien cuando nos reencontramos con ella.
Tras un breve almuerzo en el sitio de la reforestación, comenzamos el descenso, víctimas del agotamiento pero complacidos con la acción. El camino de vuelta fue un poco más corto, pero muy divertido. Llegó la hora de las complacencias y el chofer nos deleitó con éxitos musicales de los noventa, que hombres y mujeres cantaban al unísono, salvo yo, por respeto a los demás.
Entre risas y notas desafinadas llegamos a la ciudad, recargados de energía y con muchas ganas de volver a meter las manos a la tierra.
23 jul
Alejandra Cors recopiló la experiencia de algunos niños del colegio Lancaster y nos platica:
Una mañana fuimos Isaac y yo a capacitar a los niños de la escuela Lancaster en cambio climático y cómo plantar árboles. Eran 180 niños por capacitar fue padrísimo.
El 16, 17 y 18 de junio fueron como voluntarios de crea bosques a plantar árboles a Toplijeo y al Ajusco. Aquí están sus experiencias:
Ajusco
Por Marina Barjau
Fuimos al Ajusco a ayudar a niños de primaria a plantar árboles. Cada niño planto como 5 árboles en unos hoyos que ya habían cavado. Los vimos plantar los árboles y ayudamos a los que necesitaban ayuda. Les tuvimos que explicar cómo se plantaba un árbol, a nosotros nos habían enseñado en la escuela. Los niños se divirtieron mucho y nosotros también. Comimos y jugamos fútbol y luego regresamos a la escuela. Fue un paseo muy divertido y estuvo muy padre aprender a plantar los árboles y saber sobre estos proyectos. Es muy importante plantar árboles porque hay mucha deforestación. Me gusto mucho el día y estaría muy bien repetirlo.
Plantando árboles
Por Sara Downie
El jueves 18 de Junio fuimos a plantar árboles al Ajusco. Nosotros no plantamos los árboles pero ayudamos a niños de otras escuelas a plantar sus árboles. Fue muy divertido y a mi m gustó ya que era una actividad al aire libre en la cual podías convivir con otra gente mientras plantaban árboles. A mi me toco cuidar a niños del Peterson. Plantaron bien sus árboles y se portaban bastante bien a pesar de que algunos eran un poco ruidosos y muy energéticos. Había algunos niños que molestaban pero era de broma y solo lo hacían como una manera de convivir. Había también unos niños muy amables que estaban muy entusiasmados de plantar árboles y plantaban todos los que podían y arreglaban los que encontraran mal plantados. Al principio del día hacía mucho frío y aunque estuvo cansado fue una buena experiencia.
The tree plantation
Por Adrian Rawlinson
The trip was rather enjoyable. To get out of the city and be able to breathe nice clean unpolluted air was absolutely pleasant.
I would have preferred to plant the trees myself but instead I had to carry a tray full of trees.
All in all it was an exiting day especially when we were able to do activities in the country.
Still I can’t stop thinking if you can’t beat them, what’s the point of teaching.
Plantando árboles
Por Andrea
Fue muy divertido ir a ayudar a los niños a plantar árboles al Ajusco. Estuvo muy padre salir de la escuela para ir a hacer algo bonito. Los niños aprendieron a plantar árboles y nosotros también. Crea conciencia de como plantar árboles y ayudarlos a crecer es bueno para el ambiente. Aunque a algunos niños no les importaba mucho y plantaban los árboles mal a otros si les importaba y plantaron muchos árboles. Estuvo interesante que el señor nos explicara de la historia del lugar porque si ayudaba a que supieras mas de eso y fue muy padre. Fue muy divertido para todos y lo deberíamos de seguir haciendo.
18 jun
Por Laura Gutiérrez Velázquez
Árboles que navegaron sobre las aguas del Lago de Patzcuáro, nadie impidió su destino … echar raíces, custodiar la isla y ser el puente para acercarnos a sus jóvenes quienes también anhelan hacer algo por evitar el deterioro de su hogar..

“Pues aquí con la alegría de la experiencia… nuestro primer campamento, siembra, reforestación e integración de Juatarhu con la isla Pacanda… si cada sonrisa, mirada y palpitar pudieran hablar sobre lo que ha pasado en cada una y uno de los que estuvimos participando, entonces no alcanzarían las palabras para describir la belleza, solidaridad, bondad y comprensión que se ha dado de joven a joven, en donde nosotros como adultos solamente hemos sido un puente para generar el contacto y la reforestación ha sido el escenario donde el aprendizaje y los nuevos conocimientos sobre los ecosistemas forestales propios y su identidad cultural fluyeron para acercarse a su realidad, en la que el juego, la diversión y el estar bien en el mundo es indispensable… estos chavos: los de la isla y los Juatarhus, se la pasaron muy bien juntos: compartieron la noche frente a la fogata, x la mañana sembraron en el vivero-invernadero, plantaron pinos y cedros en la telesecundaria y en la plaza de la comunidad, jugaron una reta de basquetbol (los de la isla apalearon a los Juatarhu) y algunos nos acompañaron hasta la otra orilla para emprender el regreso a tierra firme…” Cardiela Amézcua Luna Echeri A.C

En la mitología purépecha la Pacanda significa el ombligo del universo donde sus habitantes son muy respetuosos de las tradiciones que aún prevalecen y rigen su vida, por lo que la Brigada Juvenil Forestal Juatarhu eligió este lugar para dar inicio este sábado 6 de junio a las jornadas de reforestación que se llevarán a cabo en los diferentes municipios de la cuenca.
Después de haber colaborado en la reforestación en el Cerro Blanco en Pátzcuaro, nos dirigimos hacia el ejido de Puácuaro donde a la orilla del lago estaba ya don Eleazar, la pequeña Sandra y Angelito esperándonos en su barca la Churi Ka Jurhiakua (que en purépecha significa día y noche) listos para llevarnos acompañados de 500 árboles de pino y cedro y algunos instrumentos para amenizar la noche, así pues navegamos durante algunos minutos para desembarcar y acampar a la orilla, dejamos los árboles, el sustrato , las semillas y la herramienta en la barca para bajarlas al día siguiente.
Después de poner las tiendas de campaña recordamos la misión que ahí nos tenía y es que era importante tener presente que la comunidad era lo más importante, a los pocos minutos fuimos sorprendidos con la llegada de un grupo de jóvenes de la isla quienes nos ayudaron a encender la fogata y a quien invitamos a sumarse a nuestra labor.

Por la tarde doña Teodora nos esperaba con unos ricos charales para comer y tomar fuerzas para el día siguiente, regresamos al campamento donde aprendimos observar la naturaleza sauces, fresnos, frutales, luna llena y entre luciérnagas, murciélagos y algunas aves que volaban sobre el lago compartimos el fuego con los chicos de la isla.
Por la mañana siguiente desembarcamos los árboles y después de una dinámica que nos hizo llenar nuestros pulmones de bosque y lago, sembramos algunas semillas de pino en el vivero y nos dimos a la tarea de reforestar donde la relación de joven a joven permitió la integración y el intercambio de experiencias, nuevamente doña Teodora nos despidió con unos ricos frijoles, pescado y tortillas o chuskutas como le dicen ellos para recuperar fuerzas mientras los Juatarhu discutían sus propuestas y deseos para regresar y seguir compartiendo y aprendiendo de los habitantes de la Pacanda, quizá la próxima vez el marcador en la cancha pueda ser favorable para la brigada o podamos dar una revancha con un buen concierto, por ahora seguiremos en la gira reforestadora alrededor de la cuenca con el firme propósito de volver a desembarcar de la Churi Ka Jurhiakua

5 may
Por Alicia Caltum Rayek
Situados en Llanes, Asturias, Agustín Ibarrola con lo “Cubos de la Memoria” de nuevo trata de congelar y hacer permanente las especies con las que contamos. En estos cubos el trata de representar con colores vivos, la vegetación y lo seres vivos, además de plasmar la edad media y la era del paleolítico.

Foto: http://artelena.files.wordpress.com/2008/09/047.jpg
La experiencia de ver esto en vivo, es algo increíble, ya hace reflexionar sobre lo que se va perdiendo con el tiempo y con lo que estamos acabando, ya que la obra trata de reconstruir un pasado histórico-cultural, y lo que se muestra es el arte del deterioro.
Este deterioro es lo que hace a uno reflexionar, ya que mas que nadie el hombre es el culpable del deterioro ambiental, que estamos viviendo.
La misma marea va cubriendo y descubriendo estos cubos; nos permite ver y en ocasiones cubrir lo que hay debajo del agua. Mismo efecto de lo que vivimos día a día, ocasionalmente nos hacemos de la vista gorda para no ver lo que estamos ocasionando (nos cubrimos los ojos, como la marea los cubos).

Foto: http://www.antoniojperez.info/images/albums/userpics/10001/llanes-0335.jpg
En estos cubos también se ve el paso del tiempo y el cambio de las costumbre, métodos de producción, la historia y el cambio cultural. Podemos percibir la caza de ballenas con los arpones que pinta en cubos, la emigración con las maletas que plasma, la naturaleza y las flores típicas del lugar que fueron utilizadas para ritos, los productos de exportación, entre otras tantas cosas que podemos encontrar en estos cubos , los cuales nos invitan a conocer el territorio y al mismo tiempo reflexionar sobre los cambios en la organización social y como el consumismo nos ha llevado a consumirnos nuestro medio ambiente, a deterióralo y acabar con muchas especies con las que contábamos
1 may
De un Mexicano para todo el Planeta.
Ayúdame a que circule esto por todo el mundo!!!
Mi gente:
Me gustaría compartir esto con la gente que quiero y con quien pueda regalarse un ratito para leer.
Quizás haya quien piense que fue una perdedera de tiempo gastarme 2 horas escribiendo esto. Pero era lo que mi corazón necesitaba hacer para sentirse bien y decidí regalarle 2 horas de mi vida. Creo que se lo merece, se lo ha ganado!
Hoy en la mañana me fui a dar una clase de yoga y en el camino sentí tan diferente la energía de la ciudad. Enfocándome en lo positivo, sentí tanta paz y tanta alegría. Fue como si de pronto toda la gente hubiera decidido bajarle el ritmo a su vida, como si de repente todos tuviéramos menos necesidades de tener, de luchar y de cansarnos. Me imaginaba a toda la gente tranquila disfrutando de su trabajo menos estresado. Me imaginaba a los niños jugando en sus casas al lado de la mamá a la que nunca ven por tener que irse a trabajar.

Volteaba a mi alrededor y veía las calles brillantes reflejando la luz del sol. No había tráfico, no había caos. La gente que manejaba sus coches no tocaba el claxon e incluso vi a dos coches detenerse por completo para darle el paso a una viejita que cruzaba la calle. Ningún coche pitó ni se desesperó.
Llegué a dar la clase y en el inter llegaban una serie de imágenes a mi cabeza, una serie de sensaciones y reflexiones que hicieron de esa clase quizás una de las más especiales. Al terminar, cerramos con una meditación por nuestro hogar común, por el planeta y por todas las formas de vida que lo habitamos.
En la meditación, todos sentados con la espalda recta visualizamos a la Tierra entre la palma de nuestras manos, al mismo tiempo visualizamos nuestra coronilla conectada al Sol, a la Energía Divina y recibíamos Luz, sabiduría, conciencia y bendiciones que encendían cada célula de nuestro cuerpo. Al recibir esta Luz, la proyectábamos a la tierra a través de nuestras manos mediante la vibración del color violeta que trasmuta y eleva todo a la más alta vibración de amor y armonía. Y mientras con nuestras manos y corazones servíamos como canales de luz, visualizábamos a la gente feliz, tranquila, llena de esperanza, alegría y deseos de cambio. Veíamos a toda la gente comenzar a actuar de manera diferente, responsable.
Visualizamos un mundo que fluía al ritmo de la naturaleza, a niños y adultos abrazando árboles para cargarse de energía.
Y al final de la meditación lanzamos Luz, vibración rosa de amor incondicional a todo el planeta y sus alrededores.
Nadie quería abrir los ojos, nadie quería despertar, ví algunas lágrimas en los ojos de la gente y tan sólo nos quedamos viendo a los ojos y guardamos silencio, hasta que alguien comentó que decían en las noticias que México estaba llevando el virus de la influenza a todo el mundo. Me quedé callado y sentí una impotencia de ver cómo la gente no logra entender nada, de darme cuenta que nadie puede ser capaz de pensar que todos habitamos un mismo planeta, que las fronteras no existen y son absurdas y que por fin estábamos recibiendo una lección de que el aire que cada ser con vida respira en este planeta es el mismo.
No hay fronteras, no hay barreras, somos una misma humanidad viviendo la inconsciencia más grande de nuestra civilización y es momento de despertar. Es momento de cuestionarnos, de perdonarnos, de perdonar y de unirnos todos para cambiar y sanar el único hogar que tenemos, el Planeta.

Terminó la clase y de regreso a la casa seguí asombrado de ver la ciudad como la vi de tranquila. De verdad me daban ganas de bajarme a los camellones y tocar las flores, abrazar sus colores y sentir el pasto debajo de mis pies. Me dí cuenta como en realidad no necesitamos de tanto para ser felices. El problema es que todos compiten con todos por tener más, más dinero, más poder y a lo único que nos ha llevado esto es a la tristeza, al coraje, a la desesperación, la frustración y a vivir con una actitud de apatía ante la vida.
DE cuando en cuando, la vida nos da regalos, lecciones y nos demuestra lo mal que estamos, que en realidad no tenemos el control de nada, que en un instante todo puede cambiar y terminar con nuestro juego absurdo de poseer. Quizás suene muy duro que lo diga, pero tal vez sea lo que necesitamos de plano para despertar.
Qué situación es la que tenemos que vivir la humanidad para vernos forzados a cambiar nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar?
Mira nada más!
Interrumpí esta carta porque tuve que bajarme a la calle del temblor que acaba de haber. Por lo general no me asusto y no me bajo, pero debido al miedo que inunda ahorita la ciudad, no me hubiera parecido ilógico que la Tierra temblara más fuerte que de costumbre… Todo es un reflejo de todo. Todo está interconectado. Nada es producto de la casualidad.

Y bueno, ya ni siquiera me sorprendió el comentario de una persona que iba corriendo bajando las escaleras del edificio. En cuanto salió a la calle dijo: ¿Pero qué hicimos para que nos esté pasando todo esto en México? Prefiero ni siquiera contestar la pregunta porque podría escribir páginas y páginas y llenarme de una energía negativa que no quiero en mi vida. Prefiero crear y construir a través de lo positivo.
Pero sí me gustaría contestar con otra pregunta la pregunta que se hizo esta curiosa persona:
¿Qué hemos hecho para que todo lo que estamos viviendo no suceda?
Y no se trata de México nada más. Se trata de cada persona, de cada habitante que vive en este planeta.
¿Por qué no tomar la decisión personal de cambiar, de hacer lo más que podamos por vivir mejor y de tomar conciencia de que a toda acción corresponde una reacción? Investiguemos, averigüemos todo lo que está en nuestras manos hacer por mejorar la calidad de vida y a lo último que me refiero es al dinero.
Me pregunto qué pensará la gente que sólo vive por ganar dinero y poder con la única justificación de que lo hace por su familia, porque puedan tener una mejor casa, un mejor coche, una mejor escuela…
1- La gente no se ha dado cuenta que eso no los hace felices.
2- No han entendido que si seguimos dañando al planeta, un terremoto, un tsunami, una plaga puede tirar en un segundo el absurdo plan de vida que mucha gente ha seguido durante toda su vida.
LO ÚNICO QUE TENEMOS PARA SER FELICES ES EL PRESENTE, ES EL DÍA A DÍA, ES LA ILUSIÓN DE SABER QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO UNA NUEVA REALIDAD, UN NUEVO MUNDO, UNA NUEVA ACTITUD Y UN NUEVO DESEO POR VIVIR TODOS FELICES Y UNIDOS.
El Universo es infinito en posibilidades para todos. Es sólo cuestión de tomar conciencia de ello, de elevar nuestra vibración a través de nuestros pensamientos y acciones para poder atraer a nuestra vida lo similar.
LA FELICIDAD ES UNA DECISIÓN, NO UN ACCIDENTE.
LO QUE SUCEDE AFUERA ES SIEMPRE REFLEJO DE LO QUE LLEVAMOS DENTRO. EL CAOS DEL PLANETA ES EL REFLEJO DE LO QUE SUS HABITANTES HAN CULTIVADO EN SU CORAZÓN.
Gracias a todos los que me regalaron un ratito de su maravilloso tiempo leyendo esto y permitiéndome compartir un poco de lo que siento.
Quizás mucha gente me critique por haberme quedado casi 2 horas escribiendo en lugar de hacer algo productivo…..???? Pero créanme que esto era lo que mi corazón necesitaba hacer para sentirse bien y le di la oportunidad de hacerlo.
Quizás los que no se tomaron el tiempo de leer lo que un simple habitante más del planeta lleva en su corazón, tenía mejores cosas que hacer como correr, estresarse y tratar de cambiar el flujo perfecto y misterioso de la vida.
Jamás escribí esto en tono de reclamo, muchas veces también yo he incurrido en muchas de las cosas que ya no podemos seguir haciendo. La única intención fue compartir lo que me han hecho reflexionar los momentos que estamos viviendo y quería compartir con ustedes mi deseo, ilusión y fuerza por empezar a ser diferente.
Mucho amor verde y buena vibra para todos!!!
A mi gente, que sabe quién es, la quiero, la valoro y la agradezco muchísimo más allá del tiempo y las distancias. Todos son mi gente, aún cuando todavía no se hayan cruzado nuestras vidas….
Salvador Núñez.
www.chavonuevatierra.com <http://www.chavonuevatierra.com>
10 feb
Por Jill Begovich
Cada vez con más frecuencia escuchamos en las noticias alguna investigación sobre el calentamiento global. Pero, como sucede con el tema de la inseguridad, parece que mientras más nos enfrentamos a la temática en los medios, nos vamos acostumbrando a convivir con la problemática y en vez de hacernos más conscientes, nos desensibilizamos.
Las pasadas vacaciones de fin de año me permitieron no sólo relajarme en una travesía de casi tres semanas alrededor de la región de la Patagonia, sino que también me vi enfrentada cara a cara con la realidad tangible del cambio climático. Desde mi llegada a Santiago de Chile hasta el arribo a Buenos Aires hubo comentarios constantes de los habitantes, taxistas y guías de tour sobre los efectos del calentamiento global.
El crucero que tomé zarpó de Valparaíso y enfilándose hacia el sur, paramos en distintos puertos de la Patagonia Chilena, como lo fueron Puerto Montt y Punta Arenas. Es en Puerto Montt donde se encuentra el Volcán Osorno, ubicado en la cordillera de los Andes, con una figura cónica casi perfecta.

Foto: Juan Manuel Begovich
El comentario del guía que nos condujo hasta la estación de esquí, después de insistir en la importancia del uso de bloqueador solar por la condición de la capa de ozono en esa región, fue que los paisajes han ido cambiando en los últimos diez años. Cada temporada, el volcán tarda menos en deshacerse de su nieve y es por eso que la frase tan usada anteriormente de “el volcán de nieves eternas” podría no emplearse más, si no tomamos acción inmediata.
En Punta Arenas, puerto del extremo austral de Chile, tuve la maravillosa oportunidad de conocer de muy cerca a los pequeños y simpáticos pingüinos magallánicos. Esto fue posible gracias a un tour a la Isla Magdalena, Monumento Natural a los Pingüinos, que es una reserva ubicada en el Estrecho de Magallanes donde habitan aproximadamente 62,000 parejas de esta especie. Es imposible no enamorarse inmediatamente de estos animalitos. Sin importar el frío y las rachas de viento que sobrepasaban los 100 km/h, el simple hecho de caminar a escaso medio metro de alguno de los miles habitantes de la isla, lo hace a uno sonreír.

Foto: Jill Begovich Klett
Lo que no es de ninguna manera aceptable es que estos pingüinos mueran masivamente al encallar en las costas de Brasil, confundidos por corrientes oceánicas cálidas que los hacen seguir hacia el norte, donde no encuentran alimento ni lugar de descanso. Según investigadores ambientales, el cambio climático puede estar entre los culpables del arribo de alrededor de 2,500 pingüinos magallánicos a las costas de Säo Paulo, debido al aumento de la temperatura oceánica y a la alteración de la salinidad del agua por el derretimiento de los glaciares.
Ya del lado argentino, en Puerto Madryn, la guía nos explicaba que la actividad económica más importante en esa pequeña ciudad es el turismo nacional e internacional. En verano, el avistamiento de especies marinas como la orca o ballena asesina y los leones marinos traen consigo a una gran cantidad de viajeros. En invierno, la estación de esquí de Puerto Madryn solía atraer a miles de turistas nacionales. Y digo solía, porque desde hace dos años que este atractivo invernal no puede abrir sus puertas porque la cantidad de nieve no es suficiente.
Es sólo cuando uno se enfrenta a hechos tan tangibles que cae en cuenta que estamos llegando a un punto donde no hay vuelta atrás. Y creo que mi deber, como una habitante más de este mundo, es acercarlos a los efectos tan nocivos que está teniendo el calentamiento global. Esto con el fin de que en una década o dos, cuando nuestros hijos quieran conocer a los pingüinos o las cumbres nevadas de la cordillera de los Andes, lo puedan hacer en vivo y a todo color y no a través de una fotografía.
26 ene

Por Jill Begovich
Foto: Flickr.com
Caminaba por la zona de Las Flores, al sur de la Ciudad de México, después de realizar un depósito en el banco. Me dirigía de vuelta al centro comercial donde estacioné mi coche y en frente de mí, una pequeñita de aproximadamente cinco años iba de la mano de su madre.
Mi formación periodística me ha creado un hábito un tanto desagradable pero esencial para la profesión. Escuchar conversaciones ajenas. En este caso escuché que la niña le preguntaba a su madre: “Mami, ¿qué hace ese árbol en medio de la calle?” Intenté escuchar la respuesta de la mujer, pero me fue imposible. El conductor de un microbús decidió tocar su rítmico claxon ante un semáforo que acababa de cambiar a verde.
En la breve caminata a mi coche, me quedé reflexionando sobre la inocente pregunta de la pequeña. Sin duda, a una criatura de esa edad que vive en el Distrito Federal le es más común ver autos que árboles. Para la joven madre, el panorama capitalino no ha sido muy diferente al de su hija, pero seguramente ha notado que el número de áreas verdes sigue disminuyendo considerablemente.
Recordé, inmediatamente, una fotografía en sepias que me mostró mi abuelo en un libro hace muchos años. Cuando le pregunté qué lugar era ése, me contestó que el Zócalo y yo, incrédula, le dije que en el Zócalo no había ni árboles ni jardines. El me corrigió y me dijo que a principios del siglo pasado sí había, pero que un ingeniero de nombre Alberto J. Pani decidió talar los hermosos fresnos en 1914 con la excusa de que así lucirían más los edificios históricos, como la Catedral.
Desde 1958 hasta el día de hoy, el Zócalo capitalino es una inmensa plancha de concreto, imagen que contribuye a que los niños de nuestro país tengan preguntas como la de la pequeña que buscaba entender la extraña imagen de un verde árbol en medio de la selva de asfalto.
22 dic
Por: Cristina Alonso
Fotos:
Alaska: The Image Bank
Christopher McCandless: Flickr
Para los habitantes de grandes ciudades como la nuestra, hay momentos en los que nuestro único contacto con la naturaleza es una plantita en el escritorio o un árbol en la banqueta. Hemos aprendido a vivir entre asfalto, edificios y humo, a tener noches en las que no se ven las estrellas. Sería interesante ver que haría una persona como cualquiera de nosotros viviendo en un ambiente completamente salvaje e incivilizado. Si de pronto decidiera dejar atrás su casa, su coche, y todas y cada una de sus costumbres para vivir solo con la naturaleza.
Esa es la premisa básica de la historia de Christopher McCandless, un personaje real pero a la vez casi mítico que ha sido objeto de admiración, confusión y misterio en estos tiempos. Christopher nació en 1969 en California, en una familia de mucho dinero y también problemas emocionales. Cuando tenía 6 años, se mudó a Virginia con sus padres, quienes desgraciadamente se peleaban muy seguido, marcando su infancia.
Aún con esta situación familiar, Christopher tuvo una juventud positiva, con éxitos escolares y deportivos. Incluso consideraba que correr era como un ejercicio espiritual, como escapar de todos los males del mundo. Sus compañeros se sentían inspirados por su idealismo y sus capacidades. Cursó la carrera de Historia y Antropología en la Universidad exitosamente, y mientras estudiaba empezó a interesarse en las ideas de León Tolstoy y Jack London. Poco a poco, perdió el interés en lo material, al grado de que al salir de la Universidad, decidió cambiar su rumbo por completo.
Christopher donó casi toda su herencia a causas de caridad, se cambió el nombre a Alexander Supertramp, y emprendió un viaje por Estados Unidos, recorriendo Dakota del Norte, Arizona y California. A veces tomaba trabajos temporales, y en ocasiones evitaba todo contacto humano, incluso permitiendo que una inundación se llevara su coche. Durante su viaje su interés verdadero era convivir con la naturaleza, y llevaba una cantidad casi nula de dinero y alimentos. Le bastaba la experiencia del entorno.
Este viaje fue una preparación para su gran sueño: recorrer Alaska. En 1992, Christopher llegó a este remoto estado, y se instaló en una zona desolada, lejos de toda civilización y contacto con la gente. Consideraba que solamente viviendo de esta forma podría encontrarse a sí mismo, sanar de todos los dolores de su infancia, y tener una existencia real, acompañado de la naturaleza. Durante meses vivió así, refugiado en un viejo camión y viviendo de la tierra. Desafortunadamente, la comida empezó a escasear, lo cual se cree que fue la causa de su muerte.
El cuerpo de Christopher McCandless fue encontrado después de semanas de que se le había visto con vida por última vez, y su historia se convirtió casi inmediatamente en una leyenda. Inspiró el libro de Jon Krakauer, Into the Wild (1996), en el que se basa la película del mismo nombre, dirigida por Sean Penn y protagonizada por Emile Hirsch (2007). Tanto en el libro como en la película se puede vivir de cerca la impactante historia de Christopher que, paradójicamente, él vivió completamente solo.
Una experiencia como la de Christopher puede significar cosas muy diferentes para cada persona que se entere de ella, puede inspirar a querer vivir de menos cosas materiales y acercarse a la espiritualidad, o tal vez a tomar medidas poco ortodoxas para encontrarse a uno mismo. Pero tal vez lo principal que pueda aprenderse de Christopher es que la verdadera felicidad es la que puede compartirse, y que la forma de lograr esto es tomar responsabilidad por el mundo en el que vivimos, pues si no lo hacemos, no tendremos nada que compartir. Esa naturaleza que tanto inspiraba a Christopher es nuestra, y no es necesario vivir una experiencia tan extrema como la de él para entender que debemos cuidarla.
Fuente: www.christophermccandless.net, y www.imdb.com
16 dic
Por: Cristina Alonso
Fotos:
Secoya: Phillip Undertown
Julia Hill: Newsmakers
Hace algunos años, antes de que las grandes marcas del mundo se volvieran ecológicamente responsables, de que actores de Hollywood manejaran autos híbridos, y de que comer orgánico se pusiera de moda, surgió en el panorama un personaje común y corriente, a quien su amor por la naturaleza convirtió en un ejemplo a seguir. Ella es Julia “Butterfly” Hill, una joven Americana que decidió tomar medidas extremas para evitar la destrucción del ambiente.
Nacida el 18 de febrero de 1974 en Arkansas, Julia vivió una vida normal, hasta que en 1996 sufrió un fuerte accidente automovilístico que detonó una serie de cambios en su forma de pensar y de actuar. Explorando su espiritualidad, Julia decidió que el respeto por el medio ambiente era algo fundamental, y esa fue la base de sus creencias para luchar como pocos lo han hecho contra la tala de árboles.
En 1997, los bosques de secoyas en Humboldt County, California se veían amenazados por la Pacific Lumber Company. Estos milenarios bosques, con especies de imponente altura y gran historia merecían vivir, así que el 10 de diciembre de ese año, Julia convirtió una secoya en su casa. El árbol, de nombre Luna, medía 55 metros y tenía 600 años de edad. Comparados con esta larga vida, los 738 días que Julia vivió ahí tal vez no parezcan mucho, pero definitivamente fue una medida radical, al privarse de todas las comodidades modernas durante más de dos años.
El carácter individual del acto de Julia lo hizo más impactante, pues sin formar parte de ningua organización, ella optó por hacer lo que estaba en sus manos para evitar la destrucción del bosque. Poco a poco, todo tipo de asociaciones y voluntarios civiles se unieron a su causa, convirtiéndola en un personaje importante e influyente a nivel mundial. Miles de personas se reunían al pie de Luna para mostrar su apoyo ante la valentía de Julia, y durante sus dos años de huelga se reunieron %50,000 dólares.
Finalmente, en 1999, la Pacific Lumber Company accedió a cancelar la tala de Luna y todos los secoyas en un radio de 12,000 metros cuadrardos a su alrededor. Julia regresó a tierra firme, y el dinero reunido se le pagó a la Pacific Lumber Company. A su vez, la compañía dio esta cantidad a una Universidad californiana para que hiciera investigaciones sobre sustentabilidad forestal.
El mismo año que bajó del árbol, Julia y sus amigos activistas formaron la asociación Circle of Life, la cual hace dos años se convirtió en The Engage Network. Esta organización actualmente se dedica a promover el poder de la mente para lograr las metas deseadas, al igual que los beneficios de la yoga. Julia también co-escribió dos libros, llamados The Legacy of Luna y One Makes The Difference, que han inspirado a miles de personas a actuar frente a todo tipo de injusticias, y a ver claramente que la acción de una sola persona puede tener consecuencias enormemente positivas.
Fuente: www.juliabutterfly.com
28 oct
Por Cristina Alonso Palacios
Las causas más grandes no son nada sin alguien que las lleve a cabo. La historia nos ha enseñado que para convertir las ideas en hechos hace falta esfuerzo, y sobre todo gente que crea en ellas. Por obvio que parezca decir esto, es algo que he comprobado en meses recientes, haciendo Servicio Social en Reforestamos México, A.C. Oficialmente, esto sería solamente un paso para terminar de reunir los créditos necesarios para graduarme de la Universidad, pero realmente ha sido una oportunidad para comprobar los efectos que pueden tener las acciones de cada persona, una por una.
Definir los últimos cuatro meses únicamente como Servicio Social sería quedarme un poco corta, pues lo que he visto y vivido se ha vuelto relevante en mas áreas de mi vida. Esto puedo atribuírselo a la causa en sí, pues lo primero que buscaba para mi Servicio era identificarme con la causa de la asociación. Con el paso de cada semana, me he convencido aún más de que el medio ambiente es algo tan cercano a nosotros que no hay otra opción más que comprometerse a su cuidado.
El compromiso del que hablo no significa que de un día a otro me haya convertido en una activista radical de la ecología, sino que he visto cómo es posible mejorar prácticamente todas las acciones y hábitos que se practican diariamente, y hacerlas más amigables para el ambiente. Desde comer, bañarse, ir a trabajar, o salir a caminar, cada una de estas acciones puede hacerse con más responsabilidad. Me he acostumbrado a reciclar todo el papel y el plástico que utilizo, a no dejar conectados los aparatos que no uso, a caminar más y manejar menos, a usar menos electricidad, y a distinguir los productos orgánicos que existen en el mercado.
Para cambiar de costumbres sólo se necesita actuar conforme a lo que se piensa, y en el caso de lo ambiental, basta con voltear a la primera ventana que se tenga cerca para darse cuenta que nuestro entorno es todo lo que tenemos. Por esto, es obvio que su cuidado no nada más es importante, sino que es indispensable. En Reforestamos México he notado que cada uno de los miembros cree completamente en este compromiso, lo cual ha sido una gran motivación. Al ver como todos los colaboradores fijan las metas y hacen todo lo que esta en sus manos para llevarlas a cabo, es clara la coherencia entre ideas y acciones.
A veces hay que hacer cosas que cuestan más trabajo que ahorrar agua, como por ejemplo, asistir a jornadas de reforestación. He tenido oportunidad de ir en cuatro ocasiones, y definitivamente han sido experiencias novedosas para mí. Despertar en sábado a las seis de la mañana para ir a un predio a sembrar no era algo a lo que estuviera acostumbrada, pero al regresar en la tarde asoleada, cansada y llena de tierra, siempre estuve segura de que valía la pena. Reforestar es una de las maneras más claras de ver que los actos pueden tener consecuencias muy positivas, y el resultado es visible y duradero. Incluso invité gente a estos eventos, para enseñarles como podemos ayudar al ambiente y compensar nuestras emisiones de carbono al plantar árboles donde hacen falta.
Dentro de pocas semanas va a terminar mi Servicio Social, pero puedo asegurar que he adquirido nuevas ideas con las que voy a seguir, y que he probado que en México contamos con recursos naturales y humanos que vale la pena presumir, compartir y sobre todo cuidar.
10 sep
La experiencia de Patricia Nuñez
Por Cristina Alonso Palacios
Cuando Paty era niña, soñaba con “vivir en una casa con animales por todos lados”, ya que ella pensaba que podía convivir y comunicarse con ellos como si fueran gente. Con el paso del tiempo supo que eso no podía pasar, pero se dio cuenta de que los animales y las plantas sí tienen maneras especiales de comunicarse con nosotros. Hoy, a sus 25 años, ella lleva un estilo de vida basado en el amor y el respeto a la naturaleza, una vida “verde” que va mucho más allá de lo que para muchos parece solamente una moda pasajera.
Adoptar hábitos que tengan efectos positivos en el planeta es cuestión de convicción. Una de las creencias que tiene Paty, es que los seres humanos “estamos perdiendo nuestra capacidad de observar”, y de sentirnos parte de este mundo. Ella considera que si se pone atención a la naturaleza es posible entender que es nuestra esperanza para sobrevivir, ya que destruirla pone en peligro nuestra propia existencia. Por un hecho que es tan ignorado a pesar de ser tan evidente, es que Paty ha desarrollado esta filosofía que rige su vida hasta hoy: le debemos todo a la naturaleza, y no podemos hacer menos que tratarla bien.
Para Paty, es inaceptable que creamos que el mundo es nuestro, que “está hecho para nuestro uso y beneficio”, y por esto, su forma de utilizar los productos y deshacerse de lo que no sirve es completamente responsable. Esto es un ejemplo de que las acciones individuales pueden tener consecuencias muy positivas empezando por su propia casa, donde inició la separación de basura, el consumo de productos biodegradables como shampoo, alimentos o pasta de dientes, así como el consumo efectivo de energía. Con focos ecológicos, coches híbridos y calentadores de agua eficientes, se minimiza el impacto sobre el medio ambiente.
Si algo es seguro es que cuando se trata de acciones que impacten al planeta, deben participar todos los integrantes de la sociedad. Paty considera indispensables ciertos cambios en el ámbito empresarial, proponiendo que las compañías tengan cuotas de impacto ambiental. Es decir, que aquellas compañías que deterioren el medio ambiente por usar productos no-verdes que son más económicos, deban pagar una cuota que se use para compensar este daño. Ella opina que debería crearse esta ley, “impuesta y ejecutada por gobiernos, pero impulsada por la gente”.
Una de las conclusiones de Paty es que nuestra sociedad es demasiado racional, y requiere de pasos conscientes, que uno a uno se vuelvan tan grandes e importantes como el mismo medio ambiente. Al convertirse estos pasos en las prioridades de invidiuos, asociaciones, gobiernos y empresas, pueden cambiarse estilos de vida completos, de manera que reflejen respeto y responsabilidad hacia el mundo en que vivimos.
19 jul
Por Azul De Aldialau
En los últimos años las aves que habitan nuestro país se han enfrentado a muchos problemas con tal de sobrevivir. La invasión del asfalto modernizador ha ocupado miles y miles de hectáreas que antes eran el alimento de plantas y árboles que al reproducirse generaban no sólo su vida, sino la vida de millones de seres vivos, incluyendo a su peor depredador: el hombre.
Si, aunque no queramos aceptarlo, la calidad de vida y la vida misma se han visto mermadas considerablemente por la eliminación de aquellos que han pasado desapercibidos en la visión progresista del hombre: los árboles, que son fundamentales para la supervivencia animal del planeta incluyendo al homo sapiens (ser humano).
Es triste la historia y la estamos haciendo más triste aún pues seguimos acabando con los árboles sin preocuparnos por reforestar. Pero esta tragedia va aparejada a otra tragedia, la disminución y desaparición de esos hermosos animales de colores tan bellos como son las aves o pájaros, por mencionar sólo a una especie de animales puesto que al desaparecer cierto tipo de árbol, desaparece también gran variedad de fauna que ni nos imaginamos.
Deténgase un momento y repace cuántas aves veía, digamos, cuando era niño, y cuántas ve ahora. Le contaré lo que he percibido. Tal vez coincidamos.
Hace más de tres décadas, veía seguido en los árboles hasta dos o tres nidos con polluelos. No sabía (y creo que todavía permanece en mi ese grado de ignorancia), qué tipo de árboles eran, sólo reconocía al afamado pirul y al oloroso eucalipto, pero existía variedad pues había unos muy altos que sobrepasaban una casa de dos pisos y los había con hojas anchas y hojas delgadas; frondosos y no tanto, había lugares con menos de 20 metros de distancia entre árbol y árbol. Era lindo ver tanto árbol pero era más lindo en las vacaciones de verano salir más temprano que cuando uno iba a la escuela y en un día verdaderamente iluminado y fresco, escuchar el trinar o silbido de los pájaros. Se escuchaban largos, cortos y hasta parecía que existía algún tipo de conversación alegre entre ellos.
Pues bien, les decía que había muchos tipos de pájaros: gorriones rojos y amarillos; los llamados verdines, que tenían su pecho verde y sus alas azuladas, el siempre a la expectativa petirrojo, calandrias, canarios, periquitos y muchos más que ni siquiera llegué a conocer por nombre. ¡Ah!, se me olvidaba que en las mañanas de primavera también disfrutaba enormemente del raudo y veloz vuelo de las golondrinas que hacían sus nidos en las esquinas o debajo de las marquesinas de las casas. Era maravilloso verlas volar tan bajo presumiendo sus pechos amarillos y sus puntiagudas alas negras. ¡Qué felicidad era ver y escuchar a todas esas aves! ¿Ahora? Las extraño. Siento que junto con ellas ha ido desapareciendo la alegría de las mañanas.
Sé que todas estas aves han emigrado y disminuido en número debido a que ya casi no hay árboles dónde poder descansar el vuelo y anidar. No quisiera que les pasara lo que le pasó al pájaro Dodo, aquella ave que fue llevada a la extinción en las Islas Mauricio por la presencia humana en sólo 80 años después de su aparición. Y aunque este es el caso más famoso y conocido, existen otros que conforme se han ido talando con los árboles, han ido desapareciendo.
La eliminación del pájaro se debió a la destrucción de los bosques donde vivía. Los dodos se alimentaban de la Calvaria (Sideroxylon majus), un árbol tropical también conocido como el árbol del dodo, en la isla Mauricio, que a su vez dejó de regenerarse tras la extinción de ésta ave debido a que sus semillas no podían germinar sin pasar por la molleja de un dodo. Un círculo de vida entre árbol y animal. Y como este caso existen muchos más donde animales dependen de árboles. Tienen una importancia crucial como fuente de alimentos (frutos y flores) y como cobijo para las poblaciones de animales. Son dominantes desde el punto de vista reproductivo e influyen fuertemente en la estructura, la composición, la dinámica de claros, la hidrología y la biodiversidad del bosque y a su vez los árboles dependen de animales para seguir dando vida a este planeta. También nosotros dependemos de los árboles y los árboles dependen de nosotros. No rompamos este círculo de vida. Ahora están extinguiéndose los árboles y los pájaros. Mañana tal vez seremos nosotros.
(Fotos: Sawickipedia.com)
7 jul
Por: Jimena Andrade Guerrero
¿Qué es un árbol? La respuesta parece obvia, pero la verdad es que cada quien crea su definición y la adecua a su conveniencia. De acuerdo con las páginas del diccionario, es una planta de tronco leñoso y elevado que se ramifica a cierta altura del suelo. Para el dueño de una fábrica de cuadernos, probablemente signifiqué materia prima. O bien, para un decorador de interiores, quizá un árbol represente tan sólo un instrumento para elaborar puertas y bodegones. Cada uno de estos significados se queda corto, pues el árbol es vida y eso es más grande que cualquier interés personal.
Gracias a los árboles los seres humanos podemos hacer un importante número de actividades. Desde aquéllas que damos por hecho como el respirar aire puro, hasta una serie de servicios que pasan desapercibidos. Por ejemplo, los árboles captan el agua de la lluvia y con ello recargaran los mantos acuíferos. Estos últimos abastecen a la Tierra de agua potable y contribuyen al equilibrio de los ecosistemas. Asimismo, los árboles reducen la erosión del suelo y absorben el bióxido de carbono -mismo que es emitido en grandes cantidades por maquinaria, automóviles, aviones, aparatos eléctricos, etcétera- y con ello contribuyen a regular la temperatura del planeta.
Además de sombra para descansar, madera para construir y papel para escribir, otros de los servicios que nos otorgan los árboles son los medicamentos. Desde los inicios de la cultura, las sociedades han utilizado a las plantas y árboles para obtener distintos remedios para todo tipo de enfermedades. Particularmente de la corteza, hojas, raíces y ramas de los árboles se obtienen miles de sustancias distintas para curar molestias o padecimientos graves, pues gracias a los nutrientes químicos encontrados ahí, es posible fabricar antibióticos, antipiréticos (contra la fiebre), antivirales, anticoagulantes, antihistamínicos y la lista sigue.
Asimismo, de los árboles se obtienen herramientas, fibra para hacer telas y refugio para miles de especies animales y vegetales. Y estos nada más son algunos de los beneficios que recibimos de ellos, pues en realidad son incalculables y la mayoría de ellos necesarios para vivir.
En lo personal, creo que el convivir con la naturaleza es una experiencia que enriquece al ser humano. Observar y cuidar a los árboles como seres vivos, al igual que nosotros, es algo que deberíamos hacer más seguido y como parte de nuestra vida cotidiana. A mí, particularmente, me gusta abrazar troncos grandes o simplemente tocar el tronco de los árboles para cargarme de energía. ¿A ustedes qué les gusta de los árboles?
Platícanos tu experiencia con los árboles.
30 jun
Por Jimena Andrade
México es uno de los 10 países con mayor biodiversidad en todo el mundo, eso es un hecho. Uno de los ecosistemas más valiosos de nuestro país, por su inmensa variedad de especies animales, así como de árboles y plantas, es el Bosque Mesófilo de Montaña en México. Una de las porciones más importantes se encuentra ubicada en la Reserva de la Biosfera, El Triunfo. Este extraordinario lugar se ubica sobre la Sierra Madre en el estado de Chiapas, aproximadamente a 180 Km. al sureste de Tuxtla Gutiérrez y llega hasta la cuenca del Río Novillero, en su vertiente hacia el océano Pacífico.
La vida en El Triunfo se debe al Bosque de Niebla, un tipo de ecosistema sumamente raro y difícil de encontrar, que tiene la mayor biodiversidad por unidad de área, así como la mayor capacidad de obtención de agua por la condensación de la niebla -de ahí su nombre. Esta característica es muy importante porque permite que los árboles recarguen los mantos acuíferos y que la energía eléctrica de las presas La Angostura, Chicoasén y Mal Paso trabajen de forma óptima para servicio de todo el país. Desgraciadamente, este bosque, también llamado mesófilo, ha perdido más del 90% de su superficie original y hoy en día es el tipo de ecosistema más amenazado en todo el planeta; sus árboles, mamíferos, aves, reptiles, plantas y flores corren peligro de desaparecer para siempre, por ello es tan importante conocerlo y sobre todo hacernos concientes de todos sus beneficios ambientales.
Algunas de las especies endémicas de la Reserva de la Biosfera El Triunfo que están amenazadas son: el quetzal, el pavón, el pajuil, el zopilote rey, la tangara azul, la salamandra del cerro, el lagarto orejas de espina, la nauyaca bicolor arborícola, el jaguar, el venado temazte, el ocelote, el yaguarundi, el tapir y muchas más especies que son parte de la riqueza y belleza mexicana, así como parte de los mitos y deidades más ancestrales.
Este ecosistema, como cualquier otro, es vulnerable a los fenómenos naturales como las tormentas tropicales, los incendios forestales o los huracanes -como Stan que pegó en octubre de 2005 y acabó con mucha vida en esta zona-, los cuales pueden causar desastres ecológicos. Si a ello le sumamos la mano del hombre y el mal uso que le da al suelo mediante actividades como la ganadería y agricultura, entonces el peligro que corre El Triunfo es aún mayor. Por fortuna, actualmente existen muchas personas interesadas en proteger este ecosistema, único en su tipo, así como asociaciones civiles que con el paso del tiempo idean más y más proyectos para su conservación.
Si deseas apoyar alguno de los proyectos para proteger la Reserva de la Biosfera El Triunfo, contacta a Reforestamos México.
14 jun
Por: El scout
En oriente (países asiáticos), algunas comunidades tienen por costumbre que en cada momento trascendente se plante un árbol. Por ejemplo al nacimiento de un hijo; la creación de una nueva empresa; contraer nupcias, etc. Así, para los orientales esta actividad es un “parte-aguas” en la vida de cada persona y el árbol se convierte en el símbolo vivo de la nueva etapa en la vida de un individuo. La naturaleza es buscada por el ser humano y podemos observar que toda casa o departamento tiene al menos una planta, los residentes más afortunados cuentan con un jardín, otros gastan sumas importantes para el cuidado de éstos, el golf se practica en campos verdes. Nuestra relación con la naturaleza es simbiótica.
Las diferentes especies de árboles tienen un habitat específico. Por ejemplo, el eucalipto proveniente de Australia responde a las condiciones de aquellas latitudes; cuando se planta en regiones boscosas mexicanas crea conflicto en y con la biodiversidad. En una explicación más a detalle podemos indicar que las hojas de los eucaliptos son más anchas y rígidas que las de los “pinos” (ocote, oyamel, cedros, cipreses), que son hojas muy delgadas y alargadas. En el primero la consecuencia es que su biodegradación es más lenta y cubre mas área de tierra no permitiendo tan fácilmente que otros arbustos crezcan de bajo de éstos, en tanto que de los segundos sus hojas permiten que los arbustos crezcan debajo de ellos, su biodegradación es la idónea para el ecosistema en que se encuentran.
Plantar un árbol es una labor a futuro y de compromiso que parece infructuosa en el corto plazo, pues el ver un árbol que se plantó hace 20 años no me crea una remembranza de todos los momentos transcurridos a lo largo de esos años. Cuando me llegaron cedros rojos (árboles perennifolios, es decir que tienen hojas todo el año), repartidos por el gobierno municipal, comencé con el sentimiento de no dejarlos morir y sin querer empezó la travesía de la experiencia desde hacer los hoyos y a pesar de tener la incertidumbre de que se lograran, continué con la esperanza implícita de que alcanzaran la madurez y fueran un árboles grandes y fuertes. De los 5 recibidos solo tres sobrevivieron hasta hoy día, uno de ellos fue cortado por capricho humano y el otro no resistió por carecer de las condiciones adecuadas. Dos eucaliptos que también llegaron fueron trasplantados por mis vecinos que los retiraron mas lejos de mi domicilio los cuales se mantuvieron en pie, y fecundaron la tierra de su alrededor haciendo que germinaran otros tres de éstos, de manera natural. Tiempo después al salir de campamento encontré en mi camino tres pinos ocotes que habían sido olvidados de la acción de reforestación de aquel lugar y me tomé la libertad de adoptarlos y plantarlos.
Desafortunadamente también las condiciones permitieron que solo uno “pegara”. Los pirules, árboles endémicos de la región donde resido, han soltado semillas y sólo con el cuidado de que la tierra no sea “molestada”, han hecho germinar 5 pequeños más. El compromiso de plantar un árbol radica en los cuidados que se deben de tener en los primeros años de vida del éste, pues en los primeros cinco años se debe tener cuidado de que no le falte agua, la fauna (inclusive la humana) no los agreda y vigilar que robustezcan para que se enfrenten los años subsiguientes a la lucha contra las inclemencias del tiempo que les esperan. Hoy en día, está en espera un laurel de la india (ficus) para ser plantado en su sitio definitivo, solo mi miedo de que las personas no lo respeten en su propia dimensión y mi falta de cuidados hacia éste, me detienen a trasplantarlo.
Viendo en perspectiva a los árboles plantados hace 20 años, es una satisfacción con orgullo implícito de una labor que nunca acabará, pues aunque muchas personas no lo vean, el planeta vive condiciones de adversidad ecológica que son urgentes de resolver.
No se alcanza a percibir la gran cantidad de beneficios que nos reporta el árbol y en grupo de árboles, el bosque: oxígeno, madera, sombra, nos cobija de fuertes vientos, no permite la fácil erosión, etc., la diferencia no se siente en menos de cinco años, solo cuando ha crecido 10 años o mínimo tres metros, hasta este momento siguen siendo “seres” muy frágiles. Más aún, la motosierra puede matar colosos de más de 50 años de antigüedad y treinta metros de altura.
¿Cuál es el secreto de que todos los esfuerzos financieros, materiales y humanos invertidos en reforestaciones den fruto? Que sean árboles de la región (endémicos) y que se mantenga un cuidado regular principalmente en lo que respecta a la humedad adecuada. Lo anterior se explica de la siguiente manera: si se trata de plantar un pino en el desierto o un cactus en el bosque, probablemente el que sobrevivirá será el cactus, pues las condiciones le favorecen. También los pequeños árboles plantados que ya acostumbraron sus raíces al nuevo terreno donde se les plantó, necesitan hacer sombra para mantener la humedad en sus raíces, y el sol no los queme.
En el aspecto macrosistémico, es decir si se desea reforestar una zona, debe considerarse un plan de cuidados a mediano plazo (5 años) en donde se consideren varias etapas (en cada año):
La gran bondad de los árboles es que, en un buen terreno, y después de que “ha echado sus raíces” lo único que pide es agua, pues sin ésta morirá. Lo anterior lo podemos constatar en las riberas de los ríos (inclusive de desagüe), donde los árboles crecen aún cuando las condiciones son adversas. Si no se protege después de plantado al árbol, el porcentaje de sobrevivencia es mínimo, pues las condiciones naturales y la ignorancia sobre sus cuidados son condiciones adversas para que los árboles se mantengan verdes.
El plantar un árbol es “un grano de arena” que se aporta a la solución para tener un clima más benigno, no es labor de una sola persona ni de los recursos destinados que un país reporta que invirtió, ni de las acciones al respecto de un grupo de naciones, la solución es que cada persona tome en consideración que también consume aire y que debe gestionar su consumo para sí y sus descendientes, pues se respira a cada momento. Que cada persona tome conciencia de que los humanos dependemos del oxígeno en nuestra atmósfera y que los problemas ambientales son provocados por la explotación indiscriminada de nuestros bosques.