Por: Cristina Alonso Palacios

Para mencionar los productos cotidianos que obtenemos de los árboles no necesitamos de mucho tiempo.  Todos sabemos que el papel, la madera, y muchas de las frutas que consumimos día a día provienen de ellos. Sin embargo, un dulce tan común como es el chicle, hace tiempo lo sacaban de un árbol con ese nombre.

El árbol del chicle tiene el nombre científico de Manilkara zapota y el nombre común proviene del náhuatl “chictli”, que es literalmente, la goma que se obtiene de la savia de este árbol. Esta goma se ha usado para mascar desde hace siglos por muchos pueblos americanos, ya que tiene un aroma y un sabor dulce por naturaleza. Incluso en la Península Escandinava se han encontrado chicles de 9,000 años, y se usaban para la higiene bucal. En México en particular fueron los mayas los que empezaron a usarlo.

Es precisamente en el territorio maya donde se encuentra gran cantidad de estos árboles. La familia de las Sapotáceas tiene su origen en México, América Central y del Sur. Se conoce también como chicozapote o sapote negro, y el mismo nombre se le da a su fruto, el cual se asemeja a la ciruela, es dulce y nutritivo, y al comerlo solo es muy rico. Con él se elaboran postres, mermeladas y otros productos comestibles.

La Secretaría de Agricultura Mexicana es la encargada de establecer los parámetros para cultivar el árbol del chicle, ya que no es tan sencillo el proceso. Un chicozapote puede explotarse solamente hasta que tiene 25 años, y dejando pasar 2 o 3 años entre cada proceso, para que el árbol se recupere de las cicatrices.

La industrialización del chicle en México la inició Antonio López de Santa Anna tras conocer a Thomas Adams en Nueva York. Fue Adams quien elaboró la primera goma de mascar comercial en Estados Unidos, y se vendió en 1871 al precio de un centavo. Un par de décadas más tarde, ya se explotaban mil toneladas de este producto, y se convirtió en una actividad importante para la economía del país. En nuestro país, 1935 fue el año en que se comenzó a explotar el árbol del chicozapote para producir y exportar chicles.

La recolección del chicle se lleva a cabo entre julio y febrero que es la época de lluvias. En las mañanas se marca el tronco del árbol con unas rajadas superficiales en zigzag, para que salga la savia. Se colocan bolsitas debajo para que caiga dentro de ellas, aproximadamente un kilo y medio, que es recolectado por la tarde.

La savia se hierve y se filtra, se calienta a 115 grados, se vuelve a filtrar, se centrifuga y se filtra una vez más, para finalmente ser mezclada con los aromas y saborizantes necesarios para darle el resultado final. Después se enfría, se aplana, se corta y se empaca.

Esta ha sido la manera de fabricar chicles desde hace décadas, pero en la actualidad se hace también con una base de plástico neutro llamado acetato polivinílico. Esta es una buena noticia para la salud de los árboles, y tal vez algo para recordar cada vez que alguien nos ofrezca un chicle.