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26 feb
Por Atzin Elihu Calvillo
Desde que nacemos, entramos en contacto con la naturaleza, vamos conociendo sobre lo que nos rodea y va despertando nuestra curiosidad, interés e incluso la pasión por saber. Sin embargo, existen actitudes y actividades que el hombre va desarrollando que no siempre son benéficas para la naturaleza. El ambiente se ha visto impactado desfavorablemente, haciendo uso inmoderado de los recursos naturales originando un grave deterioro a los tres elementos básicos: agua, aire y suelo.
En los años 70 en que la destrucción del hábitat y la degradación de la calidad ambiental empiezan a ser considerados problemas sociales la Educación Ambiental (EA) adquiere gran auge, sin embargo, puede considerarse como referente histórico la filosofía e ideas de J.J Rousseau (1712-1778) en las que manifiesta que la naturaleza es la única y verdadera maestra para los alumnos.
A partir de los años sesenta instituciones internacionales y niveles políticos de muchos países preocupados por el estado de deterioro del medio ambiente tuvieron una progresiva toma de conciencia que pronto se vio reflejada en la necesidad de diseñar estrategias educativas globales de acción social para remediar y solventar el estado de deterioro de la biosfera.
La EA, como algo formal, apareció en 1972 con la declaración de Estocolmo. El Día Mundial de la Educación Ambiental se celebra en muchos países desde que se instituyó por primera vez en Suecia. Sus principales objetivos son:
Actualmente la EA requiere del replanteamiento de los procesos educativos en su conjunto y desarrollarse en un marco de nuevos enfoques, métodos, conocimientos y nuevas relaciones entre los distintos agentes educativos.
Es indispensable una labor de educación dirigida tanto a las generaciones jóvenes como a las adultas, y que preste la debida atención al sector de la población menos privilegiado, con el fin de ampliar las bases de una opinión pública bien informada y de una conducta en los individuos, en las empresas y en las colectividades inspiradas en el sentido de responsabilidad en cuanto a la protección y mejoramiento en toda su dimensión humana. Es así como la EA tiene como tarea propiciar estrategias preventivas y reorientar patrones de consumo, así como promover la corresponsabilidad y la participación social en el cuidado de los recursos.
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